Durante siglos, sin interrupción, el mundo ha sido autor, cómplice o espectador del antijudaísmo. Después del holocausto, parte del mundo parece haber madurado, habiendo comenzado a tolerar e incluso a aceptar a los judíos en las sociedades occidentales y habiendo permitido un Estado Judío.
La tolerancia o aceptación se sustenta en la vergüenza del holocausto y de la historia general de masacres contra los judíos por parte de occidente. Es el combustible de la conciencia del mundo hacia los judíos. Quizá sin ese historial o prontuario de occidente hacia los judíos, no hubieran tenido la hospitalidad y apoyo que tienen hoy: es una especie de indemnización por los daños ocasionados durante miles de años.
Pero no todos los tolerantes se nutren de un pasado perverso hacia el tolerado. Hay quienes aceptan, reciben o toleran porque aman la humanidad, la vida y el progreso, aman al prójimo. Ese es el ejemplo de los judíos que viven en Israel.
Vaya y mire la aceptación, o si quiere a veces tolerancia, que hay aún con los árabes musulmanes y cristianos, con todos, caminando libremente y con seguridad por las calles, emitiendo sus opiniones libremente. Es un milagro.
Pero no confundir: no piense que se tolera al árabe como compensación, tal como en occidente se empezó a tolerar a los judíos después de la guerra. Se lo acepta porque es humano y los humanos deben ayudarse y aceptarse con sus diferencias.





